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DEL EXILIO Y DEL «RADICALISMO»
Por Hugo J. Byrne
«Es criminal quíen sonríe al crimen; quien lo ve y no lo ataca, quien se
sienta a su mesa; quien se sienta a la mesa de los que se codean con el o se
sacan el sombrero interesado, quienes reciben de él el permiso de vivir».
José Martí, 1892
Recientemente algunos buenos amigos (buenos amigos de verdad, y no en sentido
irónico), me han aconsejado más ecuanimidad en las posiciones y emplazamientos
políticos, pues de acuerdo a su criterio, me estoy "radícalizando".
Existe, me dicen, una distancia considerable entre la demagogia y una
tendencia al antagonismo genéral que, según ellos, demuestro. Me conminan a
que recuerde que denunciar pillerías en ciertas circunstancias sólo acarrea la
hostilidad de los pillos y la indiferencia de aquellos que se benefician de la
denuncia.
Me advierten de la posible percepción negativa al ataque contra la farsa del
"diálogo con Castro" y en especial contra aquellos que se benefician
personalmente del contrabando con su régimen. Me sugieren más complacencia y
espectativa sobre las consecuencias inmediatas o a largo plazo de la visita
papal a la isla esclava. Recaban de mí que me relaje un tanto. Que no
necesariamente contemporice, pero que adopte una actitud de "esperar y ver"
antes de emitir juicios que pudieran interpretarse como tajantes o extremos.
Les agradezco su desvelo, pero no puedo complacerlos. No hay diferencia
entre los criterios míos de hoy y los que sustenté hace veinte años. 0 hace
treinta. Un pillo es un pillo y su condición no varía por que se le ignore.
El pensamiento se compone de dos elementos principales. Uno es objetivo y
por lo tanto refleja sin afeites ni colores la actividad real de la
naturaleza. El otro es subjetivo y solamente responde a estados anímicos u
opiniones que sólo reflejan las tendencias específicas de quien piensa. Toda
actitud humana es una síntesis de ambos, pues la percepción y la realidad no
necesariamente coinciden. Al menos, nunca coinciden exactamente.
Pero la ética judeocristiana, cuyos principios de justicia se originan en
la filosofía de Aristóteles, nos compele a fundamentar nuestro actos y palabras en la
razón y la moral.
José Martí, cuyo pensamiento los cubanos y especialmente los exiliados,
gustamos tanto de señalar como modelo y base de nuestra conducta, nos enseña
en su ideario que la libertad y la justicia son corolarios matemáticos, pues
la merma de una, redunda inexorablemente, en detrimento de la otra.
Si de veras aplicamos estos principios éticos a nuestra conducta social, nos
vemos en la necesidad de condenar con energia el proceder de quienes tratan
de justificar los viajes a Cuba durante la tiranía castrista y la ayuda
económica que dichos viajes representan para la continuidad del régimen, con
la explotación, abuso, miseria y corrupción de nuestra patria que ello acarrea.
No se es exiliado si se regresa a Cuba bajo Castro. No importa que el retorno
sea temporal. No importa que se haga en calidad de turista o como peregrino
religioso. El motivo de ese regreso no excusa continuar reclamando la
condición de exiliado. Quienes retornan a Cuba bajo la tiranía castrista,
razón por la que supuestamente abandonaron la patria, renuncian a ella. No
quiere esto decir que sean NECESARIAMENTE malas personas. Simplemente
renegaron de su exilio político y de su nacionalidad y se convirtieron en
emigrantes económicos. Muy especialmente aquellos que arribaron recientemente
a las costas norteamericanas en balsas de fabricación casera, arriesgando sus
vidas y quizás las de seres queridos en dicha empresa. Sí retornan a la Cuba
de hoy, no son exiliados. Nunca lo fueron.
Los que sí NECESARIAMENTE son malos, malísimos, son aquellos que un día
fingieron pertenecer al exilio para más tarde "salir de su closet político" y
manifestarse partidarios de la tiranía, maldiciendo a los patriotas y
denunciando toda acción que perjudique al tirano. No son solamente malos, son
TRAIDORES Y COBARDES. Traicionaron a su patria y cobardemente se amparan en la
ley ajena, para defender su traición. Y esto no es insultarlos, sino juzgarlos
objetivamente.
Este cronista ha conocido a muchos verdaderos exiliados cubanos, entre ellos
uno que honra las páginas de este semanario con su cotidiana colaboración, mi
amigo Esteban Fernández. Esteban en una ocasión estuvo a punto de caer
víctima de la insidia de uno de estos tránsfugas, en la época en que este
último aún no se habia quitado la máscara de la traición.
El primer exiliado con quien me encontré a mi arribo a la Florida en
septiembre de 1961 fue José Luis Echeveite. Recuerdo las palabras de este buen
cubano, con cuya amistad me honré tanto en Cuba como más tarde, en el
destierro: " No pasa un día que yo no haga o formule un plan de acción
efectivo contra la tiranía. Te garantizo que si unos cuantos de nostros
seguimos esa pauta diaria, los días de Castro están contados"
Desgraciadamente, los días de Echeveite eran los que serían breves, pues
hace algun tiempo este patriota, como tantos otros, nos dijo adiós.
Objetivamente, Echeveite fue un cubano exiliado hasta el último día de su
vida. Utilizando el mismo parámetro objetivo, aquellos que denuncian las acciones
violentas por parte del exilio contra un régimen que ha subyugado nuestro país
violentamente por mas de 39 años, NO SON EXILIADOS. No importa que posean un
"historial de lucha", no importa que militen en esta o aquella organización
del exilio. Su posición vertical de antaño no justifica su claudicación de
hoy.
Muy a menudo las acciones más efectivas contra la tiranía son también
aquellos no "políticamente correctas". Denunciarles y ponerles la etiqueta de
"terrorista", no solamente falsea la realidad, sino ayuda al enemigo, por lo
que constituye un acto criminal. Recordemos de nuevo al Apostol: " A QUIEN POR
NO APARECER VENCIDO EN SUS PROPOSITOS, ESCONDE LA VERDAD QUE NOS DAÑA, EN
COSAS DE SANGRE Y RIESGO DE SU PUEBLO, Y LE ESTORBA CON ESPERANZAS MENTIDAS
EL JUICIO CLARO Y LA SOLUCION VERDADERA, A ESE NO CUADRA MAS QUE UN NOMBRE:
CRIMINAL".
Las explosiones en locales de lucro castrista, tienen todo el respaldo moral
de este cronista (y material si fuera posible). La violencia de un pueblo
sojuzgado, aplastado y escamecido, es un acto noble y justificado.
La militancia cubana de este servidor nunca se ha de ver menguada por
fronteras políticas ni diluída por consideración a sensibilidades de
individuos o de grupos, ya sean políticos, sociales, étnicos o religiosos. A
esa militancia ofrecí mi vida hace muchos años, cuando mi juventud hacía del
vivir una experiencia sumamente más atractiva que la presente. Y hoy, en la
recta final, no aprecio ninguna razón objetiva para cambiar esa actitud.
Prevalecer sobre la ignominia debe ser siempre nuestro objetivo como hombres
libres y ese propósito siempre demanda una actitud intolerante hacia el
crimen.
FIN
LOS ANGELES, 14 DE FEBRERO DE 1998
20 DE MAYO
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