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DOMINGO DE RAMOSby Humberto Pujals La Sagrada Biblia nos recuerda que Jesús va a Jerusalén, en donde sabe que ha de morir dentro de pocos días, y hace su entrada solemne en la ciudad. Solemne, sí, pero sencilla y humilde. En medio de la tristeza que respira toda la Semana Santa se oyen esos cánticos de alegría. Las personas de corazón recto salieron a recibir a Jesús con himnos y alabanzas. Pero no faltaban en medio de la multitud los orgullosos fariseos que se consumían de envidia al presenciar el triunfo de Nuestro Redentor. El pueblo amaba a Jesús, cuyas doctrinas escuchaba con gusto y de cuyos milagros resultaban no sólo beneficiados, sino que también quedaban admirados. Pero, ¡ay!... ¡el pueblo! Muchos de aquellos mismos que el día de hoy claman con entusiasmo: BENDITO SEA EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR, dentro de cinco días gritarán con rabia:... SEA CRUCIFICADO. ¡ Cuántos imitian, desdichadamente, esta conducta!- El pueblo está constituido por personas inestables y en algunos casos, irracionales. Hoy, desgraciadamente, lo vemos con el caso de Elián. Los mismos que piden su liberación y se muestran, con toda razón, enfadados con el tirano, mañana le están enviando dinero a la familia y en casos inexplicables e inaceptables, a amigos y conocidos que es lo que sostiene al déspota a la cabeza de sus abusos y crímenes. Pues bien, en aquel tiempo tan pronto se manifestaban a favor de Jesucristo, como buenos cristianos, como le volvían a los pocos días las espaldas para ofenderlo gravemente hasta el extremo de clavarlo en la Cruz Redentora. FIN Dr. Humberto Pujals Miami ![]()
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