A LA OPINIÓN PÚBLICA
Juan Antonio Rubio Padilla.
27 de Abril de 1961
Durante más de un año he guardado hermético
silencio en público. Nunca quise asumir la responsabilidad de
revelar ningún aspecto de las discrepancias que me han mantenido
voluntariamente alejado de la dirección de la lucha contra el
comunismo en Cuba.
Pero ya no hay secreto alguno que guardar. La Bahía de
Cochinos ha sido la culminación desastrosa de una política
cuyas interioridades han saltado a ocupar la primera página de los
periódicos. Y creo que ya ha llegado la hora de que cada uno asuma
las responsabilidades que le correspondan de acuerdo con la conducta y
decisiones de cada cual en los momentos en que la suerte de millares de
cubanos y de Cuba se estaba decidiendo en el secreto de reuniones que
muchos creían que iban a permanecer siempre en la obscuridad y
ocultas a la luz pública.
La gravedad de la situación cubana y la urgencia desesperada
de darle solución rápida, al propio tiempo que el peligro
de que se adopten soluciones festinadas y falsas, me obliga a hacer
pública mi posición, no sólo con el propósito
de dar a conocer mis puntos de vista sino con la esperanza de que
ellos puedan contribuir a rectificaciones fundamentales, a una
orientación correcta de la conducta de los cubanos en esta
coyuntura histórica y a evitar la repetición de los
métodos que llevarían seguramente a los mismos resultados
que ahora todos lamentan y condenan.
En mayo de 1960, después de largas discusiones con los
elementos norteamericanos que intervenían en estas cosas, me
negué a formar parte del F.R.D. El desacuerdo partió
del criterio fundamental mantenido por mí a través de
todo este proceso: La ayuda de los Estados Unidos a Cuba en su lucha
contra el comunismo no es una obra de generosidad o de caridad que los
cubanos tenemos que aceptar con las condiciones unilaterales que los
Estados Unidos nos impongan. La necesidad de derrotar al comunismo en
Cuba es tan vital para los Estados Unidos como para Cuba.
No hace mucho días que el Presidente Kennedy
repetía todavia que el conflicto de Cuba era problema entre
cubanos. Sobre esa base falsa era imposible entenderse bien y, de
hecho, el entendimiento que se produjo no pudo terminar de peor manera.
Es en el penúltimo discurso del Presidente Kennedy
cuando, por fin, se ha confesado, por primera vez, que la seguridad de este
país está en peligro por la dominación comunista en
Cuba.
Pocas veces en la historia se dan circunstancias internacionales en las
cuales de una manera tan clara se vea la necesidad de la colaboración de dos
pueblos en un solo propósito. La Providencia ha dispuesto las cosas de tal
manera que Cuba no puede deshacerse del comunismo sin la ayuda norteamericana,
al propio tiempo que los Estados Unidos no pueden derrotar al comunismo en
Cuba sin la colaboración de los cubanos que muestren al mundo su deseo, su
voluntad y su decisión de pelear contra el comunismo y optar libremente por la
democracia.
Pero esta colaboración leal y sincera, tan urgente y necesaria, tiene que
ser establecida en el plano de grandeza moral con que los Estados Unidos han
colaborado con otros países de Europa y Asia, inclusive con naciónes enemigas
derrotadas en el campo de batalla, sin pretender condicionar la ayuda a
imposiciones políticas o tratamientos humillantes para la dignidad nacional.
GOBIERNO SIN SECTARISMO
Si los Estados Unidos quieren ayudar a Cuba desinteresadamente no tienen más
camino que aceptar como patrón ideológico el que los cubanos se dieron a sí
mismos en la Constitución de 1940, y propiciar un gobierno provisional basado
en la Constitución, respetuoso de ella y sin sectarismo político, que presida
unas elecciones generales libres. Y después, que los cubanos vayan
democráticamente a las reformas que quieran.
Pero si los Estados Unidos pretendieran influenciar los acontecimientos
cubanos, sería todavía admisible que trataran de exportar a Cuba lo que
practican aquí. No podríamos quejarnos, moralmente hablando, de que quisieran
para nosotros lo mismo que quieren para ellos. Pero que una de las cosas que
pretendan imponernos como condición para ayudarnos contra el comunismo sea que
aceptemos para después un régimen socialista, que no quieren para ellos,
resulta una agresión inaceptable.
Sobre estas bases falsas las dicusiones fueron estériles y las discrepancias
pudieran sintetizarse así:
1) No acepté nunca que Cuba pudiera salvarse del comunismo por la acción de
los cubanos solamente, aunque éstos tuvieran toda clase de ayuda en armas,
campos de entrenamiento, propaganda. Confundir a Cuba con la Guatemala de
1954 siempre me pareció absurdo, faltando un ejército regular que en un
momento determinado se insubordinara como en Guatemala. Los comunistas
aprovecharon muy bien la experiencia guatemalteca y lo primero que hicieron
fué destruir nuestro ejército. La ayuda, por mucha que fuera, tenía que ser
comprometida formalmente por funcionarios del gobierno de los Estados Unidos y
no por frases ambiguas de personajes misteriosos con nombres falsos que no
tuvieron nunca identificación legítima.
Nunca ningún cubano pudo lograr saber lo que harían los Estados Unidos una
vez lanzada una invasión, si ésta carecía de elementos suficientes para
vencer. Aceptar la responsibilidad de lanzar a los cubanos sin seguridad
sobre la ayuda ulterior, era correr el riesgo que se corrió. Y esta seguridad
no la hubieran podido dar nunca las personas del nivel con quienes se
trataban estas cosas.
2) Me negué a tratar con personajes de categoría inferior,
irresponsabilizados con el uso de nombres falsos, y aconsejé que así lo
hicieran también, a algunos de los actuales dirigentes del F.R.D.
3) Me negué a aceptar la ideología del movimiento tal como se plasmó en los
primeros momentos y que después se agravó con la entrada de elementos
abiertamente filo-comunistas.
Una guerra que comienza por admitir que el adversario tiene la razón, es
guerra perdida por falta de moral. Y si el socialismo es bueno y la
revolución social era necesaria en Cuba, ¿por qué combatirla? Y si el
régimen de la libertad, la propiedad privada, la libre empresa y la
democracia es malo, ¿por qué defenderlo?
4) De esta política izquierdista, socializante y fidelista se derivó un
desdén por los cubanos amigos sinceros de los Estados Unidos y admiradores de
su régimen social y político. Querer para Cuba lo mismo que existe en los
Estados Unidos se consideró reaccionario y conservador. Se pretendió
presentarlos como aspirando a imponer a Cuba un salto atrás. Y si ser
partidario de la democracia, del alto standard de vida popular y del
florecimiento económico al estilo americano, donde no hay una sola empresa
propiedad del Estado, es ser conservador, habrá que concluir que lo que Cuba
necesita es un gobierno conservador.
Todas las discrepancias hubieran podido superarse de haberse establecido
desde el principio el trato directo con funcionarios responsables que
pudieran adquirir compromisos formales con los cubanos, garantizando toda la
ayuda militar necesaria para ganar la guerra; la ayuda para reconstruir
económicamente a Cuba y la establilidad garantizada y ordenada de un gobierno
provisional imparcial, no revolucionario, que llevara al país al ritmo
constitucional y democrático.
UN MEMORANDUM DEL 7 DE OCTUBRE
Como prueba de que estos criterios no son postdesastre, paso a copiar
algunos párrafos del Memorándum que a principios de octubre de 1960 le
entregué a un funcionario de los que intervenían en estos asuntos de Cuba, con
motivo de un intento más, el tercero, para que me sumara al F.R.D., a lo cual
me negué, una vez más, y en esta ocasión, por escrito:
LA NO INTERVENCIÓN FAVORECE SOLO A RUSIA
Sin embargo, vista objetivamente, la no-intervención le es útil sólo a
Rusia, que puede apoderarse de un país latinoamericano, a un grado tal, que
sólo puede ser rescatado de sus garas, por la acción de los Estados Unidos, y
como éstos no pueden intervenir, el país estará definitvamente perdído y la
situación de Estados Unidos se habrá agravado con la no-intervención.
"El anti-intervencionismo consagrado en Montevideo en la II Conferencia en
1933 fue la culminación de un ciclo histórico que se cerró ese año. Para los
latino-americanos la "intervención americana" eran las intervenciones de Haiti
y Santo Domingo pará cobrar empréstitos privados, la persecución de Sandino
para instalar a los Somozas, etc., etc. Eran los años del florecimiento pleno
del capitalismo liberal y del imperialismo financiero extorsionado a los
latinoamericanos.
"Contra todo eso se fue gestando un sentimiento anti-intervencionista que
Cuba capitaneó victoriosamente en la Conferencia de Montevideo.
"Pero los Estados unidos que se prestaron a aceptar la imposición de
Montevideo ya empezaba a ser los Estados Unidos de Roosevelt y se empezaba a
operar una de las transformaciones más maravillosas del siglo XX y
probablemente de la historia universal.
"Al ser obligados a hacer la guerra abierta, lo mejor sería ir derechamente
a deshacer de una vez y para siempre, el viejo prejuicio anti-
intervencionista, mostrando cuanto antes y de la manera más clara y
contundente, la verdad en toda su grandeza de la intención real de los Estados
Unidos al intervenir en Cuba: ayudar a Cuba liberarse del comunismo, ayudar a
Cuba a reconstruirse económicamente, ayudar a Cuba a restablecer su vida
democrática, civilizada y pacífica".
"Y como todo eso se va a convertir en hechos elocuentes y convincentes por
sí mismos, la intervención en Cuba pasará en la mente de los latinoamericanos
a desplazar la imagen de la intervención a lo Haiti, Santo Domingo y
Nicaragua. Y cuando la intervención deje de ser una cosa mala para ser una
cosa buena, el fantasma habrá muerto.
"Es preciso que los cubanos que le reconozcan jerarquía moral a los Estados
Unidos para ayudarnos a derrotar al comunismo, se la reconozcan también para
ayudarnos a reconstruir la democracia, sin que tengan por qué avergonzarse de
defender después en público, lo que ahora se acepta en privado.
"Es indispensable y esencial que los cubanos que se asocien ahora a los
Estados Unidos para salvar a Cuba crean de verdad que los Estados Unidos no
quieren conquistar a Cuba, ni someteria a su soberanía, ni destruir las raíces
culturales e históricas que la consagran como una nacionalidad propia que
merece ser independiente y soberana que ellos por instinto de conservación no
podrán tolerarnos nunca, y es convertir nuestra isla en un gigantesco porta-
aviones para entregarlo como base de operaciones a otra potencia que quiera
destruir a los Estados Unidos. Que es solo porque ese es el uso que
precisamente ha hecho Castro de nuestra soberanía, por lo que ellos se ven
obligados a actuar en Cuba.
"Si del futuro común que se avecina para Cuba y Estados Unidos sale una Cuba
libre, ordenada y próspera, los Estados Unidos habrán vencido definitivamente
los prejuicios y las reservas de todo un contiente y abierto el corazón, la
voluntad y el celebro de 190.000,000 de latino americanos para la colaboración
y la amistad.
"Y no son sólo los millones que se suman a esta causa, sino los millones que
se restan a la causa de Rusia y del comunismo, porque como han evolucíonado
las cosas a causa de la revolución cubana, todo el Continente luce en actitud
hostil contra los Estados Unidos y haciéndole el juego a Rusia.
FALTA DE UNA POLÍTICA AFIRMATIVA
"Contra la ideología socialista, anti-imperialista, anti-norteamericana y
anti-democrática de la revolución cubana, no se adoptó una política afirmativa
de las tesis contrarias que constituyen, precisamente, el gran mensaje de fe
en el futuro que los EE.UU. tienen para el mundo entero y que ha dado
resultados tan estupendos en Alemania, Italia y Japón, precisamente en las
naciónes derrotados en la última guerra y que estuvieron bajo la protección
transitoria de los EE. UU.
"Frente a la revolución cubana se adoptó la política errónea de concederle
la razón histórica de ser, y se le admitió todo menos que fuera pro-rusa, y ha
bastado que elementos revolucionaríos, socialistas y anti-imperialistas (léase
anti-EE. UU.) se llamaran anti-comunistas para admitirlos en la direccion y el
destino futuro de Cuba.
Estos elementos revolucionarios han estado siempre en la mejor disposición
de dejarse ayudar por los EE. UU. para derribar a Castro, pero siempre sin
abjurar de sus propósitos revolucionarios, socialistas y anti-norteamericanos".
LA ÚNICA GARANTÍA
La raiz ideológica común es la única garantía cierta de vinculación efectiva
y de confianza absoluta hasta donde es posible buscar garantía de la que pueda
fiarse racionalmente.
"Pero si en el momento dificil los aliados fáciles no tienen la convicción
profunda, sincera y hasta apasionada de que la gran causa que defienden los
EE. UU. en Cuba no es una causa pequeña al servicio de intereses
inconfesables, sino que es la causa de la libertad del hombre sobre la tierra,
de su derecho a adorar a Dios en el altar que le plazca y a vivir la vida en
una sociedad asentada en los valores morales del cristianismo, si no creen en
todo eso muy sinceramente, fallarán,"
"Se explica claramente que en una concepción a lo Guatemala de la acción
americana en Cuba, la técnica de su desarrollo en la práctica tenía que tener
y ha tenido algunas características de las cuales se han derivado
consecuencias muy negativas.
"Una de esas características ha sido no usar como contacto o estabón con los
cubanos a ningún funcionario responsable o conocido del gobierno
norteamericano, y de hecho sabemos cómo se ha eludido sistemáticamente tratar
sobre un asunto tan gravísimo y de tanta responsabilidad, directamente".
«Los EE. UU. mantienen inflexiblemente una línea de conducta: Actuar como si
no existieran cubanos lo suficientemente leales, discretos y honorables con
quienes se pueda tratar responsablemente este asunto ya partiendo de esta
base, se ha mantenido la técnica de no fiarse integramente de ninguno, para lo
cual la primera prueba de desconfianza se exhibe al pretender que los que
quieran participar en el esfuerzo anti-comunista, tengan que tratar con el
pequeño grupo de funcionarios con nombre cambiado o quedar fuera del esfuerzo
común».
«Guatemala ha sido el precedente que más ha influenciado la manera de pensar
y decidir ahora sobre Cuba y, si todavía se está seguro de que los
acontecimientos van a suceder come se ha estado planeando durante un año, y
que ni siquiera atacada la base de Guantánamo los EE.UU. intervendrían,
entonces quizá no valga la pena revisar los planes, ni los contactos, ni la
integración del futuro gobierno, ni nada, y que sigan las cosas como van».
"Pero si las cosas no van a ser como en Guatemala y la mano de los EE. UU.
va a tener que aparecer públicamente y el gobierno provisional va a tener que
ser un alíado leal y consecuente de los EE. UU., y lo que suceda con Cuba
liberada va a ser estimado por todo el mundo, dentro y fuera de Cuba, como
obra americana, entonces sí creemos que debe revisarse la forma de establecer
las relaciones ahora con los cubanos responsables que van a dirigir la guerra
y el gobierno en la paz.
"Y lo peor de todo sería que, por no decidirse a rectificar los errores
pasados y admitir las realidades nuevas que llegan a paso de carga demostrando
que va a haber intervención abierta, los EE. UU. se vieran obligados, por
falta de tiempo para otra cosa, a afrontar la nueva situación con el equipo de
hombres con que están contando ahora. Este grupo, además de los
inconvenientes intrínsecos de su ideología socialista y anti-norteamericana,
seria muy difícilmente atacable por los EE. UU. en caso de grave discrepancia,
pues todos los considerarían como hechurá americana.
"Y si los EE. UU. a los sesenta años de haber peleado por la independencia
de Cuba y de haber tenido tanto trato íntimo y amistoso con los cubanos, no
tienen fe en que pueden contar con amigos leales y verdaderos en Cuba, algo
muy grave estará sucediendo en la confianza en sí mismo de este país, porque
si no se consideran capaces de haber creado amigos en Cuba, no los crearán en
ninguna parte. Y si los han creado y existen, ¿dónde están que no cuentan con
ellos?
"Desele a los amigos una forma honorable de trato y verán cómo en esta gran
cruzada contra el comunismo en Cuba no sólo tendrán la gran victoria militar y
política sobre los comunistas, sino que verán con enorme placer espiritual,
cómo por encima de las barreras naturales de la geografía y de la lengua, la
historia ha fundido dos razas, dos culturas y dos pueblos en una sola fe y en
un solo propósito; y por Cuba habrá empezado la única conquista perdurable de
toda América, que no podrá ser nunca conquista de las armas o del dinero, sino
conquista del espíritu y del corazón.
Octubre de 1960.
EL ERROR MAS GRAVE
El error más grave de toda la política americana en Cuba en los dos últimos
años ha sido el pánico a la intervención, cuando Rusia lo estaba haciendo
abiertamente.
Mientras la mayoría del pueblo de Cuba, engañada por Castro y por muchos
políticos que traicionaron la democracia apoyando el comunismo, permaneció al
lado de la revolución, los EE. UU. hicieron bien en no intervenir. Pero
después que el pueblo se ha convencido por sí mismo de la realidad y se
encuentra aprisionado e impotente para deshacerse del comunismo, quien lo
derrote lo encontrará con los brazos abiertos, a sus libertadores y, hoy por
hoy, el pueblo de Cuba no tiene otra esperanza de liberación que los EE. UU.
La historia ha querido que una desgracia sangrienta para los cubanos y
humillante para los EE. UU. imponga la decisión de más envergadura en los
últimos quince años de la historia de este pueblo: La liquidación de la
estrategia apaciguadora que le ha permitido avances increibles al comunismo
mediante el chantage soviético de la guerra fría. Porque la intervención
americana no sólo derribará estrepitosamente al comunismo en Cuba, sino que
será el "turning point" de toda la situación internacional.
Pero no sólo será la América la que se sacudirá la parálisis de miedo que le
produce ahora la amezana roja, el mundo entero verá con alivio a Rusia
retroceder en la guerra fría. Y ya nadie podrá borrar de la historia el hecho
de que ha sido la sangre de los héroes traicionados de la Bahía de Cochinos la
más prolífica del siglo XX, porque allí se originó la reacción gloriosa de
Occidente Cristiano que, en una cadena de victorias, cuyo primer estabón fue
la reconquista de Cuba, no se detuvo hasta incinerar las momias de Lenin y
Stalin y consagrar de nuevo al culto divino la Catedral de San Basilio.
LA MEJOR SOLUCIÓN
La mejor solución para Cuba sería un gobierno provisional organizado desde
ahora, integrado por cubanos no batistianos ni fidelistas, neutrales, con
autoridad moral y capacidad reconocida, que restablezca la Constitución de
1940, derogue todas las leyes que se opongan a ella y remita todas las
posibles reformas al gobierno y al congreso elegidos por el pueblo.
Los integrantes de este gobierno no solo deben ser ajenos a los partidos
políticos o sectores llamados revolucionarios, sino que en el acto mismo de la
toma de posesión deben jurar solemnemente que no aceptarán cargo público
alguno, ni por elección ni por designación, durante los cuatro años que sigan
a la expiración de sus mandatos provisionales. Esto debe incluir al
Presidente, a los Ministros y a los Sub-Secretarios.
FIN
Miami, 27 de Abril de 1961
Juan Antonio Rubio Padilla

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