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Circular Colectiva del Episcopado Cubano.
Pastoral. Agosto 8 de 1960
A nuestros amados fieles:
No creó Dios nuestro Señor el mundo para los bienes que de él pudieran
obtenerse,gracias al ingenio y al trabajo del hombre, sirviesen solo para
hacer más grata la vida de unos pocos, mientras innumerables seres humanos
estuviesen careciendo de los medios adecuados para satisfacer sus
necesidades más elementales. Una más justa distribución de la riqueza ha
sido siempre y continúa siendo punto esencial de la doctrina católica.
De aquí que la Iglesia acoja siempre con la más viva simpatía cuantas
medidas puedan a contribuir a elevar el nivel de vida de los humildes
Las reformas sociales que, respetando los legítimos derechos de todos los
ciudadanos, tiendan a mejorar la situación económica, cultural y social de
los humildes, tienen apoyo moral de parte de la Iglesia.
Faltaríamos, sin embargo, a nuestra obligación de decirles a nuestros
fieles, y al pueblo de Cuba, toda la verdad, si en balance de los aspectos
positivos y negativos del histórico momento que hoy vive nuestra Patria no
les dejáramos saber también con no menor claridad, nuestras principales
preocupaciónes y temores.
Podríamos señalar algunos puntos en que las medidas de carácter social
antes mencionadas no han sido llevadas a cabo con el respeto debido a los
derechos de todos los ciudadanos con que fueron inicialmente anunciados,
pero creemos será mejor que nos ciñamos a un problema de extraordinaria
gravedad que ninguna persona de buena fé puede negar en este momento, y es
el creciente avance del comunismo en nuestra Patria.
En los últimos meses el Gobierno de Cuba ha establecido estrechas
relaciones comerciales, culturales y diplomáticas con los gobiernos de los
principales países comunistas, y en especial con la Unión Soviética. Nada
tendríamos que decir desde el punto pastoral acerca de los aspectos
estrictamente comercial o económico de estos acercamientos, pero sí nos
inquieta profundamente el hecho de que, con motivo de ellos, haya habido
periodistas gubernamentales, líderes sindicales y aún algunas altas
figuras del gobierno que hayan elogiado repetida y calurosamente los
sistemas de vidas imperantes en esas naciónes, y aún hayan sugerido en
discursos pronunciados dentro y fuera de Cuba, la existencia de
coincidencias y analogías, en fines y en procedimientos, entre las
revoluciones sociales de esos países y la Revolución cubana.
Nos preocupa este punto muy hondamente, porque el CATOLICISMO y EL
COMUNISMO responden a dos concepciones del hombre y del mundo totalmente
opuestas, que jamás serán posible conciliar.
Condenamos, en efecto, el COMUNISMO, en primer lugar, porque es una
doctrina esencialmente materialista y atea, y porque los gobiernos que por
ellos se guían figuran entre los peores enemigos que ha conocido la
Iglesia y la humanidad en toda su historia. Afirmando engañosamente que
profesan el más absoluto respeto a todas las religiones,van poco a poco
destruyendo, en cada paso, todas las obras sociales,
caritativas,educacionales y apostólicas de la Iglesia y desorganizándola
por dentro, al enviar a la cárcel con los más variados pretextos, a los
obispos y sacerdotes más celosos y activos.
Condenamos también al COMUNISMO por ser un sistema que niega brutalmente
los más fundamentales derechos de la persona humana. Porque para alcanzar
el control total del Estado sobre los medios de producción establecen en
todas partes un régimen dictatorial, en que un pequeño grupo de se impone
por medio del terror policial al resto de sus conciudadanos. Porque
somete completamente a la economía y a la política, sacrificando muchas
veces el bienestar del pueblo a las ambiciones y conveniencias del grupo
gobernante. Porque va anulando progresivamente el derecho de propiedad y
convirtiendo a la larga a todos los ciudadanos, más que en empleados, en
verdaderos esclavos del Estado. Porque le niegan al pueblo el derecho que
tienen de conocer y de todos los medios de información y no permiten que
les lleguen a los ciudadanos otras opiniones que las que mantiene el grupo
gobernante. Porque subordinan indebidamnete la vida familiar al Estado,
impulsando a la mujer a dejar el hogar para que realice, fuera de su casa,
las más duras tareas, y educando a los hijos en la forma que el Gobierno
desea, sin contar a derechas con la voluntad de los padres.
Al condenar la iglesia las doctrinas y procedimientos comunistas, no lo
hace, por tanto, en una forma parcial, en nombre de determinados grupos de
la sociedad que pudieran verse afectados por el establecimiento de un
régimen de esta índole; lo hace en nombre de derechos inalienables de
todos los hombres, que, en una forma o en otra, son vulnerados sin
escrúpulos por el gobierno comunista.
Recuerden, pues, nuestros hijos, díganlo bien alto a toda Cuba, que la
Iglesia nada teme de las mas profundas reformas sociales siempre que se
basen en la justicia y en la caridad porque busca el bienestar del pueblo
y se alegra de él, porque ama al pueblo y quiere su bien, no puede por
menos condenar las doctrinas comunistas. La Iglesia está y estará siempre
en favor de los humildes, pero no está ni estará JAMÁS CON EL COMUNISMO.
No se le ocurra, pues a nadie, a pedirle a los católicos, en nombre de una
mal entendida unidad ciudAdána, que nos callemos nuestra opinión a estas
doctrinas, porque no podríamos acceder a ella sin traicionar nuestros más
fundamentales principios. Contra el COMUNISMO materialista y ateo, está la
mayoría absoluta del pueblo cubano, que es católico y que sólo por el
engaño y la coacción podría ser conducido a un régimen comunista. Que la
Santísima Virgen de la Caridad del Cobre no permita que ésto llegue jamás
a suceder en Cuba.
Así lo pedimos a Dios Nuestro Señor por la intercesión de nuestra Excelsa
Patrona (fdo) Manuel, Cardenal Arteaga, Arzobispo de La Habana; Enrique
Arzobispo de Santiago de Cuba; Evelio, Arzobispo Coadjutor y
Administrador Apostólico de La Habana, Obispo de Matanzas: Carlos, Obispo
de Camaguey; Manuel, Obispo de Pinar del Río: Alfredo, Administrador
Apostólico de Cienfuegos; José, Obispo Auxiliar de La Habana; Eduardo,
Obispo Auxiliar de La Habana

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