«POR ESO SOY AUTÉNTICO»
Por Emilio Naranjo
Desde muy joven, como hombre del pueblo me ví en la necesidad de trabajar
para subsistir. Esto era antes del año 1933. Como obrero azucarero sufrí en
mis carnes todas las injusticias a que estábamos sometidos los trabajadores
cubanos del campo y de todas las industrias, donde se nos hacía trabajar en
inferioridad de condiciones comparados con los extranjeros que eran importadas
para los trabajos en el campo y en los comercios. Sólo nos quedaba el recurso
de la artesanía o los puestos públicos, pasando por el de Guardia Rural.
Al producirse la toma de posesión del Dr. Ramón Grau San Martín a la
presidencia de la República el 10 de Septiembre de 1933, se inició la
Revolución que desde entonces empezó la llamarsele auténtica.
Este gobierno revoluciónario estableció nuevas normas de vida para los
trabajadores y el pueblo en general, dentro de sus muchas gestiones en
beneficio de todas las clases que integraban el pueblo de Cuba: comerciantes,
profesionales, industriales, trabajadores, etc. Debemos destacar la más
polémica de las conquistas plasmadas por la revolución auténtica, que fue sin
duda la ley de nacionalidad del trabajo, conocida por Ley del 50 por ciento
para nativos. Esta medida vino a reparar la gran injusticia que se cometía con
el cubano nativo que tenía limitadas sus posibilidades de trabajo. Fue una
reivindicación nacionalista, humana y justa.
Esta Ley del 50 por ciento fue una reforma de mucho alcance y tuvo la
oposición de los patronos españoles americanos y británicos, quienes
importaban a sus conciudadanos y les daban trabajo con preferencia a los
cubanos. Las empobrecidas masas de nativos cubanos de repente descubrimos que
había un gobierno que los protegía. Ya no seguíamos siendo tratados como
parias en la patria.
Entre otros que se dictaron, un decreto ordenó que el corte y alza de caña
cortada tenía que pagarse a 50 centavos cada cien arrobas (un obrero puede
cortar trescientas arrobas de promedio en las 8 horas de trabajo), por lo que
la nueva ley garantizaba un jornal de $1.50, muy por encima de los 20 centavos
por cada cien arrobas que se le venía pagando hasta entonces. Tambien fue
aumentado el tiro de la caña. Otro decreto regulaba el pago en dinero diario,
quedando prohibido hacerlo en fichas o vales contra el almacén de la empresa
contratadora, y que se entendería por un día de trabajo ocho horas de labor y
no doce como se venía haciendo.
El pueblo de Cuba sabe que, a partir del 10 de septiembre de 1933 que tomó
posesión el doctor Grau San Martín como Presidente, inmediatamente reconoció
el derecho de los trabajadores a organizarse sindicalmente, creando además el
Ministerio del Trabajo, estableciendo oficialmente la Ley de ocho horas, etc.
Las leyes auténticas de 1933 están consagradas en la Constitución de 1940.
Por eso yo digo que soy un cubano agradecido y por eso auténtico.
El Auténtico
Publicacion del,Secretariado de Educación Política PRC (A)
Exilio, Miami, Noviembre 1987

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