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La modesta partida de Ramón Guin
Por Andrés Vargas Gómez
Analista político Cubano.
Ramón Guin el hermano Guin, ha muerto, todos pensábamos que tenía un buen
trecho de vida por delante. Una súbita hemorragia cerebral masiva se lo llevó
del sueño reposado al mundo espiritual del más allá. Para todos los que lo
estimábamos, ha sido una sorpresa dolorosa. Para él, fue un tránsito dulce,
sin sufrimientos. Puede decirse que, tal vez, sin verle la cara a la muerte.
Lo conocí en el presidio político. Como dice Raúl Verrier en su breve
artículo, con su eterna sonrisa. Fue bondadoso como pocos. Abierto siempre a
la amistad. Desprendido hasta la desnudez. Capaz de darlo todo a un amigo. Por
eso, el miércoles, en su entierro, acompañando a su hermana Mirian y a su
hija, había mucha gente. En estos momentos en que él nada podía dar.
Nació el 22 de septiembre de 1933, en el barrio de Cayo Hueso, en la ciudad
de La Habana. Hizo sus estudios de bachillerato en el Instituto del Vedado.
Sus estudios superiores los realizó en la Universidad de La Habana. Era
Ingeniero Agrónomo, graduado de la Facultad de aAgronomía de esa universidad.
La lucha contra Batista
En 1955, se unió al movimiento estudiantil, que presidía José Antonio
Echeverría, y que combatía la dictadura de Fulgencio Batista. Todavia en esa
época, los estudiantees eran los primeros en dar un paso al frente, cuando se
atacaban la Constitución y las libertades públicas del país. Era la gloriosa
tradición del estudiantado cubano que, comenzó con José Martí y Fermín Valdés
Domínguez, cuando apenas tenían 15 años, y que se manifestó después, en el
curso de la República, especialmente, con las protesta estudiantiles del año
27, y después, del año 30.
En 1953, después del golpe de estado de Batista, que creó en la nación el
desorden público que nos condujo, paso a paso, a la inconmensurable tragedia
que vive hoy el pueblo de Cuba, comenzó esa efervescencia estudiantil que,
como siempre, dió a la causa de la libertad un puñado de mártires. Después del
ataque a Palacio, el 13 de marzo, Guin, con un grupo de compañeros, salió al
exilio, de donde regresó al poco tiempo, para establecer en el corazón de la
cordillera del Escambray, el frente del Directorio Estudiantil Universitario.
De allí salió, el 1 ro de enero de 1959, con el grado de comandante.
Después del triunfo del energumismo castrista, Guin se sintió, enseguida,
engañado, como la inmensa mayoría de la juventud cubana. No hay duda de que
Fidel fue una esperanza para los jóvenes cubanos de esa generación, y que su
inconoclastismo agradaba, en cierto modo, al idealismo bastante indefinido que
poseían esas mentalidades todavía inmaduras. Pero tan pronto comprendieron que
Castro se alejaba cada vez más de la democracia, y que sus intenciones no eran
devolver a Cuba su libertad, sino, por el contrario, establecer una dictadura
comunista, en la que él sería el gobernante insustituible, comenzaron a
conspirar, con proyectos audaces, contra la nueva tiranía.
Desde su posición en el INRA, en donde trabajaba como ingeniero agrónomo, no
escondía su descontento ni su decepción por el sistema. Con el comandante
Rolando Cubela, su amigo y compañero de sus luchas estudiantiles, fue, en
definitiva, arrestado y acusado de estar tramando un atentado contra la vida
de Castro. Recuerdo las incidencias del juicio, que fue ampliamente publicado
por el gobierno. No obstante la dificilísima situación que afrontaba, pues su
vida estaba en un hilo, Guin se mantuvo erguido, con las limitaciones que le
impusieron las circunstancias.
Al fin, condenado a 30 años, llegó al presidio político, y enseguida adoptó
la posición de "plantado" Su conducta entre nosotros fue siempre valiente e
impecable. Esto ocurría alrededor de fines del año 1964 o principios de 1965.
En una ocasión, cuando llevaba algunos años preso, fue sacado de la prisión
por el G-2, y secuestrado por largos meses. Su hermana Mirian me ha contado
este terrible proceso, que ella sólo podía percibir de lejos. Pero, podemos
decir que sus sufrimientos fueron extremos.
El mismo de siempre
Cumplió 21 años en la prisión política…Cuando regresó a Miami, y nos volvimos
a ver, encontré al mismo hombre de siempre, un poco más viejo, pero con su
sonrisa perenne. En él, subsistía el mismo espíritu de su juventud. No era un
ser que regresaba cansado de luchar, derrotado por el infortunio. Por el
contrario, quería continuar siendo fiel a su vida y a sus ideales. En el
exilio, se unió al movimiento Solidaridad de Trabajadores Cubanos, que está
incorporado a la Confederación Mundial de Trabajadores, organización que tiene
raíces cristianas.
El miércoles, cuando fui a despedirlo a la funeraria, lo vi tendido en una
modesta caja de pino, sin forro ni adornos de ninguna clase. Una bandera
cubana lo cubría hasta el pecho. Delia, su amiga del alma, me explicó que esa
había sido su voluntad. En su última presencia entre los humanos quiso darnos
esa lección de modestia y de ausencia de vanidad. Así fue siempre, modesto,
bondadoso, tolerante. Cuando se hablaba mal de alguien delante de él, decía:
"Puede ser que sea como ustedes lo ven, pero es mi amigo…" A ratos ,en la
charla, brotaba su explosiva alegría, que no pudo apagar ninguna de las
peripecias de su vida.
FIN
El Nuevo Herald
Enero 20, 1996

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